En los últimos días, hemos visto cómo los periódicos están cundidos de malas noticias sobre la situación política de los vecinos: piquetes por todos lados, gente pidiéndole al presidente que renuncie, intentos de golpe de estado, jueces presos, Súper Tucanos sobrevolando la frontera… en fin, un caos total. Es verdad que la situación está feísima ahora mismo, pero lamentablemente eso ha sido normal en Haití durante toda su historia. Por eso, para entender el contexto de lo que está pasando, hay que darle pa’tra y volver hasta el mismísimo inicio.

 

Con el pie izquierdo

Empecemos por la independencia, sin abundar sobre la era colonial porque ya sabes que los franceses aprovecharon el descuido de los españoles para instalarse allá, y que trajeron esclavos africanos para trabajar la caña y el café cuando no quedaban más taínos por explotar.

Con to y to, Haití fue el segundo país de América en independizarse a finales del Siglo XVIII (el primero fue EE. UU.). También se convirtió en el primer y único país gobernado por exesclavos negros, en un mundo donde el poder colonial blanco y esclavista era el que mandaba.

El colmo de los colmos: los franceses les dijeron «ok, ta bien, eres independiente. Pero tienes que devolvernos 150 millones de francos en oro por las propiedades que dejamos botadas allá». Por una razón que nadie entiende, Jean-Pierre Boyer lo aceptó en 1825, así que esa independencia les salió más cara que comprarle zapatos a un ciempiés. El monto de la deuda sería entre 12,000 y 20,000 millones de dólares hoy en día. Eso era el ingreso anual del país multiplicado por 10, así que trabajaban para pagar la deuda y, claro, más nunca tuvieron un chele para invertir en construcción, educación y desarrollo en general.

 

Se metieron los gringos

Los estadounidenses habían puesto varios bloqueos económicos a Haití, y comenzaron a tomar control de las finanzas haitianas entre finales del Siglo XVIII y principios del Siglo XIX, llegando a comprar incluso el Banco Nacional en 1910. En 1915, ocuparon el país y cogieron el mando del gobierno –y del dinero haitiano– por casi 20 años.

 

Sin cuartos, no hay paz

La olla generalizada que produjo la deuda grosera que tuvo desde el principio, nunca permitió estabilidad política en Haití. Sus 200 y pico de años de historia han estado llenos de autoritarismo y golpes de estado. La dictadura de François Duvalier, alias Papa Doc, y su hijo, Baby Doc, mantuvieron el país estancado por décadas. Después de la caída de Baby, en 1986, ha habido más de 20 gobiernos.

 

La copa estaba llena

Y se desparramó con el remenión del 2010. Ya Haití era el país más pobre de todo el hemisferio occidental y de toda América, y entonces vino ese terremoto que les dio un nocáut. Unos 300,000 muertos, el 70% de los edificios estatales destruidos (incluyendo el palacio de gobierno), hospitales y escuelas en el suelo… un desmadre total. Fue tanto el daño, y siendo un país tan pobre, que la ayuda internacional llegó en forma de miles de millones de dólares. Pero adivina qué: no se sabe adónde fue a parar una gran parte del dinero.

 

Ahí vino el cantante

Ese es Michell Martelly, que por lo menos pudo completar su gobierno del 2011 al 2015. Con las elecciones de ese año (2015) comenzó lo que desencadenó en el titingó de la actualidad: unos 70 candidatos (sí, 70) se postularon a la Presidencia. El que quedó arriba fue el actual presidente, Jovenel Moïse, pero no consiguió suficientes votos como para irse en primera vuelta. Ahí comenzaron los reclamos de fraude, las protestas, el pataleo, y la segunda vuelta nunca se llegó a realizar. El 7 de febrero del 2016 (anota esa fecha, porque es importante) terminó el mandato de Martelly. Como no había presidente electo, se instaló un Consejo de Ministros, y una semana después se puso un presidente interino hasta que se pudiera votar.

Finalmente se votó a finales de año, y ganó Jovenel Moïse por mayoría simple. Pero Jovenel solo consiguió como 600,000 votos en un país de casi 11 millones de personas, así que digamos que no fue una representación muy allá de la voluntad popular. Se sentó en la silla el 7 de febrero, pero del 2017 (segunda fecha importante).

 

Para no perder la costumbre…

El gobierno de Moïse ha sido más inestable que la data de tu celular cuando vas en la carretera. Nada nuevo en Haití, pero todo se puso color de hormiga cuando se destapó el escándalo de Petrocaribe, una alianza petrolera liderada por Venezuela que mandó mucho dinero a Haití después del terremoto, y una parte de los cuartos desapareció de la faz de la Tierra. Para colmo, el presidente apareció en una lista de «malversación de fondos» que tiró el Tribunal de Cuentas haitiano. No se sabe si con vudú o cómo, pero Jovenel ha aguantado en el puesto. Eso sí, sin primer ministro, sin Parlamento y gobernando a base de decretos desde hace más de un año. La gente cada vez más quillada por la corrupción y la pobreza, y la oposición cada vez más agresiva.

 

¿Anotaste la fecha de orita?

Ahora es que la vamos a usar. Los problemas más recientes vienen por las distintas interpretaciones que ambos bandos (el presidente y la oposición) le dan a su Constitución, donde lo único que está claro es que cada mandato dura 5 años.

 

Lo que dice él:

Jovenel dice que él tomó posesión el 7 de febrero del 2017, y como son 5 años y 2017+5=2022, es el 7 de febrero del año que viene es que él tiene que bajarse de la silla. Pero la oposición dice que no, que era el 7 de febrero de este año que él tenía que irse. Por eso intentaron darle un golpe de estado (según él) con el apoyo de la máxima corte judicial del país, la Corte de Casación, e incluso nombraron a uno de sus jueces como presidente interino, que tampoco es que sea una gran amenaza porque la oposición está muy dividida. Pero Jovenel ha aguantado ahí con el apoyo del Ejército y de los gringos. A los 3 jueces que intentaron «el golpe» los jubiló, y a través de un súper polémico decreto, acaba de poner 3 nuevos.

 

Lo que dicen los otros:

Ellos están claros de que son 5 años, pero dicen que a partir del 7 de febrero del 2016 porque hay un artículo en la Constitución que dice que el presidente debe tomar posesión el 7 de febrero del año siguiente a las elecciones (recuerda que las elecciones fallidas fueron en el 2015), pero que si no se puede elegir antes de esa fecha, entonces el mandato comenzará a rodar a partir del 7 de febrero del mismo año de las elecciones. Jovenel salió elegido a finales del 2016, así que 2016+5=2021.

 

¿Y ahora?

Nadie sabe. Ninguna de las partes quiere sentarse a hablar, el hombre está negado a irse del poder, y los otros negados a que siga. La última vez que pasó algo parecido, en febrero del 2004, hubo una intervención militar manejada por EE. UU. y Europa, y el presidente Jean-Bertrand Aristide terminó huyendo del país. Esta vez, lo único que llega es desde la comunidad internacional es un llamado a que se entiendan. Pero como dice el refrán: «el que no conoce su historia, está condenado a repetirla», y si algo aprendiste de este Brifeo, es que entenderse es algo difícil para aquellos hermanos del lado oeste. Y nosotros aquí, como buenos vecinos, bien atentos.