Con el fuetazo de la semana pasada, el tema del precio de los combustibles está más caliente que nunca. El ministro de Industria y Comercio, Ito Bisonó, está como la arepa: fuego por arriba y fuego por abajo. Sobre todo, porque hace como un año –cuando todavía no estaba en el gobierno– subió un video explicando, con una formulita de preprimaria, la barbaridad que pagamos en impuestos por cada galón de combustible que echamos.

En ese momento se interpretó que Ito bajaría la gasolina una vez subido en el palo, pero esa no ha sido la realidad. Ito brincó para arriba cuando el presidente Abinader anunció que se revisará la Ley de Hidrocarburos, que es la que determina el precio final de cada galón. Entonces, ¿qué es lo que dice la formulita (no la de Ito, sino la de la ley)? Vamos a brifearla.

Y mi palabra es la leeeeeey ??

La Ley de Hidrocarburos (112-00) fue aprobada al inicio del gobierno de Hipólito (noviembre del 2000) y es la principal protagonista de esta película, porque es la que establece los impuestos que se le cargan a cada galón de cada tipo de combustible que se echa en el país. Desde hace muchos años, diferentes sectores han pedido que se revise la ley, pero ni Hipólito, ni Leonel ni Danilo se atrevieron a tocarla. Ya veremos el porqué más abajo, pero primero vamos a desmenuzar la fórmula.


Precio final = Precio de Paridad de Importación + Impuestos + Márgenes de Comercialización + Comisión de Transporte


 

Si sube, suben… si baja, bajan

Frase célebre en nuestro país. Comencemos por el primer elemento de la fórmula:

Precio de Paridad de Importación (PPI)

Esto es lo que cuesta traer el combustible a un puerto del país, por lo que es el único que depende directamente del costo internacional del petróleo.

PPI = FOB + FT + SM + CB + OC + CMT + GAL

  • FOB = el costo al que el Estado compra el hidrocarburo, puesto en el barco.
  • FT = flete desde el golfo hacia el puerto de Haina, o cualquier otro puerto local.
  • SM = seguro marítimo que hay que pagar obligatoriamente por la carga.
  • CB = costos bancarios. Lo que cobran los bancos por cambio de divisas, apertura de cartas de crédito y transferencias bancarias.
  • OC = otros costos. Gracias.
  • CMT = Cargo por Manejo de Terminal. Esto es lo que se les paga a las terminales que reciben los combustibles por sus costos de operación en personal, equipos, mantenimiento y demás. Sale de un acuerdo entre el gobierno y las terminales.
  • GAL = Gasto de Administración de Ley. Esto es arbitrario, y se supone que es para cubrir la fiscalización y la supervisión de las recaudaciones del impuesto.

Aquí no hay mucho que hacer, porque nosotros no producimos petróleo y no hay otra alternativa que traerlo. Por eso es por lo que cuando hay una guerra por allá por el Golfo, o cuando cae mucha nieve en Texas, la semana que viene nos dan un fuetazo. Pero cuando baja el petróleo, los combustibles no necesariamente bajan en la misma proporción. Ya verás por qué.

Además, el PPI solo anda por un 45% del precio final. Si tomamos un precio reciente de «la buena», digamos que RD$233.10 por galón, unos 105 pesos salen del PPI. Algunos han pedido que se quite –o se revise– el Gasto de Administración de Ley (GAL), pero no es que eso haría gran cosa porque es RD$1.50 por cada galón de gasolina premium, por poner un ejemplo.

Hay dos cosas seguras en la vida: la muerte y los impuestos

Aquí es que la cosa coge sazón. La ley establece dos impuestos: uno fijo y uno variable.

  • El fijo: varía por cada combustible y es ajustable por inflación; tomando como ejemplo ‘la gasolina buena’, ese anda por RD$71.85 (30% del costo).
  • El variable: es el 16% del PPI, o sea que para un PPI de los RD$105 del ejemplo anterior, ese andaría por unos 17 pesos. También hay 2 pesos más por galón que van a Obras Públicas y al Intrant. Si calculas, cerca de un 40% del precio que pagas en la bomba por cada galón, es directamente de los impuestos.

 

Tener una bomba: un negocio rentable

El último elemento de la formulita es el que define los márgenes de comercialización que se reparten entre el distribuidor (el que compra la gasolina en la refinería), el transportista que la lleva de la refinería a la bomba, y el detallista (la bomba). Como el 18% del precio final sale de la suma de estos 3 márgenes. Tomando en cuenta el mismo ejemplo de la gasolina premium: el distribuidor se lleva unos 14 pesos por galón, el transportista casi 6 pesos, y la bomba se queda con unos 22 pesos.

Los papaupas de la matica

Seguro has oído decir que nosotros pagamos los combustibles «más caros del mundo». Eso no es verdad, pero lo que sí es cierto es que estamos en el tercer lugar de toda América Latina en los impuestos a los combustibles, solo por detrás de Uruguay y Argentina. Si nos comparamos con algunos países de América Central como El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, nosotros pagamos casi el doble que ellos en impuestos por cada galón. Ningún país de América Central tiene los impuestos a los carburantes (o combustibles) tan altos como nosotros.

Sencillo… que bajen los impuestos y ?

Tranquilo, Bobby. ¿Recuerdas que ahorita te dijimos que ningún presidente –hasta ahora– se ha atrevido a revisar la ley? Eso es porque los impuestos de los combustibles son demasiado importantes para las recaudaciones del gobierno. Para que tengas una idea, en el 2017 las recaudaciones por la Ley de Hidrocarburos fueron de 54,541 millones de pesos. Eso fue un 14.1% de las recaudaciones de la DGII, y un 10.2% de las recaudaciones totales del gobierno. Además, es un impuesto chulísimo para el gobierno porque es fácil de cobrar, difícil de evadir, y todos tenemos que echar combustible para movernos. A menos que nos compremos un carro eléctrico; o una pasola eléctrica, que con esta olla sería algo más factible.

Claro, siempre está la posibilidad de bajar los impuestos, que el gobierno maneja a su antojo dependiendo de la necesidad del momento (por eso, no siempre bajan los combustibles cuando baja el petróleo). Pero eso significa que tendrían que buscar ese dinerito (que no son 3 cheles) por otro lado. Porque hay deudas y compromisos que pagar, y un presupuesto que cumplir. Así que no era tan fácil como pensaba Ito, porque una cosa es con violín y otra con guitarra.

Pero también hay que tener en cuenta 

Hay que tener claro que la Ley 112-00 solo fija la fórmula. Pero por ejemplo, el impuesto ad valorem (16% del PPI) se agregó en una ley aparte, así que solo modificar la 112-00 no haría el trabajo.

La otra opción, que no sea bajar los impuestos, sería ajustar los márgenes de comercialización (lo que se gana la distribuidora, los transportistas y las bombas), que también son altísimos en comparación con otros países. Y esos no están en la ley, sino que el gobierno los pone a su antojo.

Así que sea el violín o la guitarra, habrá que aprender de nuevo a tocarlos y con una melodía diferente.