Hoy es sábado de diligencias y por eso hicimos la diligencia con Casa Brugal para enviarte este correo. Estamos en pandemia y todo pero la del COVID no es la única con la que estamos bregando. De hecho, son varias. También tenemos la infodemia, que es esa sobreabundancia de información que nos llega por todos lados y hace que uno hasta se confunda, se pierda, y a veces hasta digiera las informaciones falsas como si fueran verdaderas. Algo parecido está pasando con las bebidas adulteradas, que la gente se las bebe como si fueran de verdad. Pero esas matan, y solo este año se han cobrado más de 100 vidas.

Para un nuevo episodio de El Brifin: Podcast Edition, nos sentamos a hablar con Luis Vargas (no, el bachatero no), director de destilación y envejecimiento de Casa Brugal. Luis nos habló un poco sobre la gravedad del asunto, por qué está sucediendo, y qué están haciendo ellos (y qué podemos hacer nosotros) para frenar esta ‘venenodemia’. A continuación un resumen de lo que preguntamos: 

Primero lo primero… ¿por qué “bebida adulterada” y no “alcohol adulterado”?
Porque no es el alcohol lo que se altera, sino la bebida en sí. Han aparecido unas «bebidas caseras», que se fabrican en un patio sin ningún tipo de control de calidad, registro sanitario o control fiscal. Pero lo que ha traído la mayor tragedia, aparte de que están hechas a la brigandina, es que los criminales esos les agregan un químico que se llama metanol (o alcohol metílico, o alcohol ‘de madera’). Este es muy diferente al alcohol etílico que se usa en las bebidas de verdad, y es realmente un veneno para los humanos, porque se usa como anticongelante (el famoso coolant de los carros), diluyente para las pinturas y cosas así.

Pero el que le pone metanol no lo hace para matar gente (supone uno). ¿Por qué lo hacen?
Por un tema puramente económico. Las bebidas alcohólicas pagan impuestos bastante altos, y se calcula basándose en su nivel de alcohol etílico. Mientras más porcentaje de alcohol, más impuestos paga. Para tener una idea, como el 60% de una botella de ron es de impuestos. El metanol, que está supuesto a tener un uso industrial, no tiene esas tasas. También llegaron a usar alcohol etílico de menor calidad, pero la DGII se las ha puesto un poco difícil, así que han optado por el metanol.
 
En el 2012, hubo una reforma fiscal que aumentó considerablemente los impuestos a las bebidas alcohólicas. Así que de ahí para acá es que se está viendo más este tipo de adulteraciones, porque buscan ahorrarse esos impuestos. Lo malo es que también el consumidor la compra porque la encuentra más barata.

¿Dónde consiguen el metanol?
Aquí no se produce a nivel industrial, así que todo es importado. Eso significa que hay toda una estructura de contrabando que hace llegar ese metanol a los que fabrican el “veneno”. Se debe hacer un esfuerzo para hacer una trazabilidad que permita ubicar de dónde es que lo están sacando.

Entonces, ¿controlamos desde el origen?
Por un lado. El gobierno emitió –hace unos días– el decreto 275-21, para fortalecer las medidas de control sobre el metanol. Como no se puede parar su importación porque se usa mucho a nivel industrial, lo que hicieron fue ponerse más estrictos para rastrearlo. Otra chulería del decreto es que al metanol se le agregará una sustancia que se llama benzoato de denatonio, que es la sustancia más amarga que existe. Eso no se lo bebe nadie, por más sed que tenga. Un ejemplo importante de su uso es en los videojuegos; se la ponen a las “cintas” para que los niños pequeños no se las metan en la boca.

Y las bebidas falsificadas, ¿existen?
También, y a veces se combinan con las adulteradas. Por ejemplo, hay una bebida de estas que se llama “tapa floja”. Y se llama así porque usan una botella de una marca reconocida –ya abierta y vacía– para llenarla de una bebida adulterada, en muchos casos para hacer bulto. También andan por ahí el clerén y el triculí, que son bebidas informales que no necesariamente tienen metanol, pero no tienen ningún tipo de control de calidad en la fabricación.

Esto no es un tema nuevo, y tampoco exclusivo de RD
Por eso ya se han adoptado medidas que se usan en otros países para evitar este tipo de problemas. Si agarramos un Brugal, podemos notar varios controles de seguridad en la misma botella: un anillo de seguridad que se abre cuando la botella se destapa; válvulas que evitan que pueda ser rellenada, y otras. 

Lo más efectivo ahora mismo es el control de trazabilidad, que se logra poniéndole una etiqueta hecha con papel moneda en la tapa. Eso viene acompañado de una aplicación que se llama Revísame (búscala en el App Store o Google Play), que permite ver el número de lote, el código de serie y otras cosas que prueban si la bebida es genuina. Si no tienes internet tampoco hay problema, porque también puedes mandar el código por mensaje de texto para recibir la información. Hicimos el experimento, y realmente funciona.

OK, pero hay gente que dice «yo bebo hasta thinner» y lo ejecuta. ¿Todas esas medidas no vienen acompañadas de una campaña educativa?
Sí. Cuando te hablan de «consumo responsable», no solo te están diciendo que no te des un jumo, o no manejes cuando tomas, sino que tomes solo bebidas genuinas que hayan pasado por todos los controles.

Son tantas las medidas, que no hay que dejar de tomar a menos que así lo decidas. Estos son los pasos que puedes dar para no caer en un gancho:

– Antes de tener la botella en la mano, lo primero es ir a un lugar serio: un supermercado, liquor, el colmado de confianza, y así.
– Lo segundo es el precio: si te están vendiendo algo demasiado barato, hay un maco. Una media botella de ron paga entre 130 y 140 pesos de impuestos, así que no es verdad que la podrás comprar en 100 pesos, por mejor que sea la oferta.
– Ya que tienes la botella en la mano, revisa la etiqueta y los sellos; baja tu app y chequéala. Una vez abierta, mira el color a ver si no hay nada raro; huélela para ver si te da los aromas a los que estás acostumbrado; prueba un chin a ver si no te sabe a rayo.
– Y si te volaste algún paso y como quiera te bebiste algo raro, lo importante es coger rápido para emergencias, porque el metanol hace su efecto mortal entre 12 y 24 horas después de ingerirlo.

Hay gente que dice que el alcohol no se congela, así que por ahí puedes probar si lo que te vendieron no está muy católico. ¿Es cierto?
El alcohol sí se congela, pero a una temperatura de -114 grados celsius. Lo que pasa es que las bebidas no son alcohol puro, así que una cerveza con 5% de alcohol se congela a -2 o -3 grados; un vino con 10%, a -5 o -6 grados; un whisky con 40% de alcohol, a -25 o -26 grados; y el ron, que normalmente se envasa a 37.5% de alcohol, se congelará a -23 o -24 grados celsius. Un freezer normal no lo va a congelar, pero uno que llegue a esa temperatura sí lo hará.

Pero si nadie fabrica esto, nadie se lo bebe
Y por eso la responsabilidad no es solo del consumidor, sino de toda la cadena. Este tema es extremadamente grave, porque se está hablando de muertes. Y su relevancia no es solo a nivel local, porque el ron es Marca País, y lo que puede percibir una gente de fuera es que se puede morir si se toma un trago en RD. Por eso las marcas reconocidas han metido, y seguirán metiendo, un bojote de cuartos para proteger la reputación de la industria.