Septiembre 24, 2021

Sueño prohibido

Ingredientes para un coctel tóxico perfecto: una eterna crisis económica y política, la debilidad sanitaria en aumento, dos terremotos y todas las carencias que te puedas imaginar. Todo esto hace una combinación perfecta para que cientos de miles de haitianos decidan abandonar su país cada año.

Las desgarradoras imágenes que le han dado la vuelta al mundo sobre la persecución a los haitianos en la frontera Texas-México, muestran solo una partecita de la travesía prohibida y las desgracias que viven cada día miles de haitianos, especialmente desde el devastador terremoto del 2010.

Quédate, cuela un café y atiende a lo que te contaremos para entender el lío que hay con los haitianos en la frontera de Estados Unidos.

El terremoto que destapó la crisis

Era enero del 2010, el gobierno de René Préval iba más o menos y Haití se veía en un momento de aparente calma después de tener toda su existencia en conflicto (si quieres saber más sobre la dura historia de los vecinos, puedes leer este especial que hicimos hace poco).

La calma duró poco. El 12 de enero se produjo un terremoto de magnitud 7.3 en la escala de Richter, que terminó de romper la frágil taza que sostenía al país. A este evento le siguieron más réplicas, otro terremoto de menor magnitud a los 8 días, seguido por un brote de cólera varios meses después. ¿El resultado? Muertes, desastres, colapso del gobierno, hambre, más pobreza, desesperación, población en crisis.

Intentar salir del país a como dé lugar fue la alternativa adoptada por muchos haitianos que se vieron entre la espada y la pared. En ese momento, los países de Latinoamérica se convirtieron en el refugio perfecto para sobrellevar la crisis del país y salir adelante. República Dominicana, Brasil, Colombia, Panamá y Chile fueron las primeras naciones de escape para los haitianos luego del terremoto.

Una historia bien turbia

Para poder saber el porqué del impacto de esas imágenes fatales de los policías gringos persiguiendo haitianos al estilo de un anuncio de Marlboro de los 80, tenemos que rebobinar el tiempo a 1981, cuando Estados Unidos comenzó a tomar medidas frente a los conocidos como “boat people”, que no eran más que refugiados –principalmente de Vietnam– que llegaban a las costas en pequeños botes en busca de oportunidades para una vida digna.

Estas leyes se aplicaron para todos los inmigrantes ilegales que llegaran en bote, independientemente de la nación: vietnamitas, cubanos, haitianos o hasta marciano que usted fuera.

Durante ese tiempo se hizo particularmente famosa la detención indefinida de ciudadanos haitianos en el centro de detención Krome, en Miami. Incluso una escritora haitiana, Edwidge Danticat, narró la historia de su padre en el centro en su libro autobiográfico “Brother, I’m dying” (“Hermano, estoy muriendo”), y cuenta como lo que pretendía ser un viaje para darle mejor vida a su familia se convirtió en un pasaje de ida, sin retorno y sin volver a verlos.

A partir de la década de los 80 y hasta el día de hoy, Estados Unidos ha mantenido una posición pasivo-agresiva frente a la inmigración ilegal en sus fronteras, alegando la necesidad de mantener fuera del país a terroristas y migrantes económicos.

Lo que está pasando ahora

Las preguntas del millón: ¿De Haití a Estados Unidos? ¿Tantos haitianos? ¿Cómo llegaron?

Después de los acontecimientos del 2010, Haití se vió frente a una de las crisis más grandes que haya atravesado el país y quedaron como pelotero que no da hit: en blanco.

Miles de haitianos se vieron obligados a distribuirse por todas partes del continente buscando salvar por lo menos el pellejo; y así han permanecido, dando viajes por lo menos estos últimos 11 años, en busca de una mejor vida.

Este 2021 también les ha dado bien fuerte. Pandemia, nuevo terremoto, crisis política y un presidente muerto. La historia repite el ciclo y se empeora: sálvese quien pueda.

¿Por qué llegaron todos juntos ahora?

En realidad no se sabe exactamente qué información se regó entre toda la comunidad haitiana por todo Centro y Suramérica. Quizá  vieron una oportunidad en el gobierno de Joe Biden, que relajó un poco las políticas administrativas de inmigración de Trump (más en rumor y en los medios que en realidad) y se aventuraron a tirar la lucha para Estados Unidos ahora.

Cientos de ellos estaban en la frontera Guatemala-México. La sorpresa es que, creyendo que podrían quedarse y acogerlos bajo el amparo del asilo, se fueron hacia el norte, a la frontera con Texas. Ahí se toparon con la desgracia de ser expulsados y enviados de vuelta sin ni siquiera el chance de hablar y pedir ni agua, y mucho menos asilo.

Aquí aparecen las famosas imágenes. Los patrulleros de la frontera se tomaron la tarea de deportar gente muy a pecho y la llevaron a cabo de una forma muy América del siglo XIX. Montados a caballo, con látigos y gritando se detuvieron en la frontera de Del Río en Texas a impedir que algunos haitianos, que habían cruzado a México a buscar comida, penetraran de nuevo en territorio americano.

¿Qué es lo último que ha pasado?

El campamento masivo que habían montado los inmigrantes debajo del puente en la frontera, está siendo el escenario para que el gobierno estadounidense lleve a cabo una deportación masiva de nacionales haitianos que, en su mayoría, no han vivido en su país desde hace años, y algunos han reportado que les dan como US$25 y los sueltan en Haití, donde muchos no tienen ya ni familiares. Se estima que por lo menos 6,500 haitianos han sido repatriados de vuelta y algunos 10,000 esperan su turno.

El gobierno gringo le está pidiendo a México reforzar la frontera, y México comenzó a mandar a los indocumentados hacia Tapachula, cerca de la frontera con Guatemala, para que llenen su solicitud de asilo. Pero el presidente de México dice que está bien eso de los albergues, pero que no quiere que México se convierta en un «campamento de inmigrantes».

¿Les fue así de mal a todos?

Al menos también hay cientos de los más vulnerables (mujeres –muchas embarazadas–, niños, etc.) que los han soltado en Texas para que vuelvan en un poco tiempo a la corte de migración y se decida lo que harán con ellos. Contrario a lo que se cree, al menos con los suramericanos, muchos de ellos vuelven voluntariamente a la corte a presentar formalmente su caso y ver si les dan asilo y así quedarse legalmente. Obviamente, hay una gran parte que no vuelve y se quedan como indocumentados.

¿Y los jefes? ¿Qué dicen?

El gobierno de Joe Biden se pronunció al respecto diciendo que sí, que entienden que Haití atraviesa por una gran crisis humanitaria pero que también, los que hayan inmigrado de forma ilegal, se devuelven. También dijeron que no son partidarios de ningún trato inhumano y que se investigará a fondo esta actitud.

Por su parte, el gobierno de México, también ha tomado cartas en el asunto. Envían patrullas cada noche en busca de los haitianos para enviarlos a sus destinos de deportación.

La situación se ha puesto cada día más espesa y las esperanzas de poder escapar de la precariedad y la crisis de Haití se está viendo cada vez más lejana para algunos. Especialmente ahora, teniendo que volver a un país en el que no han vivido por años.

En conclusión, los gringos seguirán deportando haitianos, pero aparentemente recibirán un trato más humanitario después de que se vieran las imágenes de los vaqueros del látigo aplicando sus técnicas de rodeo. El enviado especial de Estados Unidos en Haití le renunció a Biden y todo, diciendo que no quería que lo asociaran con el trato inhumano que se le había dado a los haitianos en la frontera.

De todas formas, aunque el gobierno de Biden sigue con la papa caliente en todo el mundo, él prometió que están haciendo investigaciones y que esos oficiales que se les fue la mano, la van a pagar y serán castigados.

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