Diciembre 17, 2022


La aplicación de Twitter tiene de ícono un pajarito y eso es básicamente una seña al dicho “me lo contó un pajarito”. Pues haciendo honor a su nombre, el nuevo jefe de la empresa, Elon Musk —sí, hablamos de otra empresa suya la semana pasada— y 3 escritores, revelaron un par de cosas chuecas dentro de Twitter.



Vamos a darte contexto

Después que Elon Musk agarró el control de Twitter, luego de tirarse todo un pleito que llegó a lo legal con la misma compañía —porque él había ofrecido comprar la empresa, se echó para atrás y al final tuvo que comprarla para que el problema no fuera más grande—, el jefe comenzó a despedir personal sin previo aviso, cambió la forma de trabajo dentro de la empresa y hasta permitió que periodistas investigaran algunas cosas sucias dentro de la plataforma.

Así como las chicas superpoderosas, nacieron los Twitter Files. Divididos en 3 partes, cada una habla de alguna censura que los ejecutivos de la plataforma lograron para beneficiarse ellos o a ciertas partes interesadas.


Parte 1: El hijo de Biden

La primera parte de esta historia la posteó el periodista Matt Taibbi, que no es un novato en el área, sino que aparte de haber escrito para varios periódicos —como The Nation, New York Press, Rolling Stone— también ha escrito varios libros, tiene un podcast y un newsletter.

El 2 de diciembre, Taibbi publicó un hilo en Twitter donde explicó que aunque Twitter comenzó siendo una plataforma donde todos podían expresar lo que quisieran, lentamente algunas partes interesadas empezaron a pedir que pusieran barreras a la libertad de expresión para protegerse ellos mismos. Así, por ejemplo, en el caso de la política, durante las elecciones del 2020, de ambas partes —Team Trump y Team Biden— comenzaron a pedir que se quitaran o censuraran tuits y cuentas que no les convenían. Pero como dentro de la misma compañía eran mucho más los que apoyaban a los demócratas, entonces le hicieron más favores a Team Biden que al lado de Trump.

Y ahí pasó lo del hijo

Sucede que en octubre del 2020, The New York Post hizo la publicación «Los secretos del correo de Biden», donde expusieron todo lo que encontraron en una computadora que abandonó Hunter Biden —hijo del presidente Joe Biden—. Ahí había información sobre los negocios que hicieron Hunter y Joe con el ejecutivo de una compañía energética, aprovechándose del poder de Joe, que en ese momento era vicepresidente. También había unas imágenes sexuales explícitas y un vídeo de Hunter admitiendo que es adicto a fumar crack y otras drogas y donde se podía ver que estaba con una jevita dándose amor.

Después de eso, Twitter tomó cartas en el asunto y prohibió que la publicación se regara en su plataforma. Terminaron bloqueando todos los links que se compartían sobre eso y poniendo señales de «alerta» en los tuits donde alguien hablara de eso. En esa vuelta llevó hasta el personal de la Casa Blanca —que ese momento era el Team Trump—, como por ejemplo, la que en ese entonces era vocera, Kaleigh McEnany, terminó sin poder entrar a su cuenta por par de semanas después de hablar sobre el tema.


Parte 2: La lista negra de Twitter

La segunda parte de esta historia la publicó la periodista Bari Weiss, que puede hacerle competencia al primero, porque ella también trabajó para lugares respetables —The New York Times, Wall Street Journal y Tablet Magazine— y fundó su propio periódico, The Free Press, en 2017.

Pues ella publicó una lista de personas a las que algunos equipos dentro de Twitter decidieron poner en una «lista negra» para que sus tuits no pudieran hacerse virales, atento a que el personal de la compañía no estaba de acuerdo con su forma de pensar. Pone de ejemplo varios casos: Al doctor Jay Bhattacharya, egresado de Stanford, supuestamente le impidieron hacer sus tuits virales porque publicó su preocupación durante la pandemia diciendo que el confinamiento pondría en riesgo la salud de los niños; también pusieron en la lista negra a Dan Bongino, un radio host considerado de derecha; y por igual, impidieron que creciera más la cuenta del activista conservador Charlie Kirk.

Un seguimiento fuerte

Según la investigación de Bari, un empleado explicó —y dos más lo confirmaron— que la empresa controla muy de cerca qué tan visible y qué tanto puede crecer una cuenta de Twitter. Explicó incluso que la compañía tenía un equipo de monitoreo llamado «Strategic Response Team – Global Escalation Team», es decir, «Equipo de Respuesta Estratégica – Equipo de Crecimiento Global» que veía hasta 200 casos diarios, pero también existía otro equipo, mucho más selecto y más puntual, llamado «Site Integrity Policy, Policy Escalation Support», formado por la encargada del área legal, Vijaya Gadde; el encargado de seguridad, Yoel Roth; y el CEO o jefe, Jack Dorsey.


Parte 3: Vuelve al centro, Donald Trump

Esta tercera y última parte —por ahora— llegó desde la cuenta de Matt Taibbi, Bari Weiss y el autor Michael Shellenberger. Esta parte de la historia se centra en la decisión de Twitter de borrar la cuenta de Trump después del ataque al capitolio el 6 de enero del 2021.

Ahí los 3 autores explican que en Twitter ya estaban un chin cansados de Trump y desde el 2020 le estaban censurados varios tuits a él y a sus seguidores, y que incluso tenían un espacio de trabajo donde discutían sobre la censura de cuentas como la de Trump. Dentro de Twitter comenzaron a crear políticas nuevas para ponerle «strikes» a las cuentas asigún ellos pensaran que el contenido debería censurarse o no y por eso, después que Trump y varias cuentas relacionadas a los ataques del 6 de enero publicaron varios tuits usando palabras claves, agotaron los 5 strikes que mantenían sus cuentas con vida y les dieron out. En esta parte de la historia Matt y Bari cuentan incluso que, según los correos que pudieron obtener, los jefazos de Twitter estu