Cuando subimos de peso y la correa empieza a apretar, nos enfrentamos a una disyuntiva. Podemos esperar un par de semanas para ver si la dieta que “arranca el lunes” dará resultado o podemos hacerle un hoyito adicional a la correa para sentirnos más cómodos de inmediato.
Esta semana el gobierno nos presentó la “No Reforma” llamada Medidas Pro Crecimiento Económico y Mitigación de la Crisis Internacional, un paquete de medidas tributarias diseñadas de una forma que hace difícil criticarlas. Algo parecido a una versión fiscal de Robin Hood. Este escrito no intenta analizar ese proyecto, pero sí que lo utilicemos para recordar algo que pasó solo 41 días antes de este anuncio.
El 29 de abril, el propio gobierno anunció un plan de austeridad para enfrentar la misma crisis internacional. Ese parecía ser el momento de la dieta. El plan prometía que se habían identificado RD$40,000 millones para reducción de gastos operativos, limitación de compras de vehículos, gasto en reparaciones menores, reducción de eventos, ajustes en viáticos, transporte, publicidad y hasta una disminución de 50% de los recursos destinados a los partidos políticos.
Sin embargo, apenas un mes después de comenzar la dieta, nos proponen hacer un hoyito adicional a la correa. Y gracias a las estadísticas públicas por el propio Ministerio que propuso el plan y hoy la “No Reforma”, podemos ver rápidamente qué ha ocurrido con ese esfuerzo de austeridad.
Antes de entrar en los números, vale la pena mencionar que la reducción a los partidos políticos parece no haber llegado a puerto. Tampoco faltaron los eventos públicos posteriores al anuncio de austeridad: inauguraciones, lanzamientos de iniciativas, consultas nacionales y, por supuesto, el muy difundido anuncio de la implementación de pagos con tarjeta de crédito en una institución recaudadora.
Pero, para ser más específico, vayamos a los datos.
Según la DIGEPRES, durante mayo se otorgaron sobresueldos a empleados públicos por RD$3,650 millones. Esto representa una ejecución mensual 140% superior al promedio observado entre enero y abril.
Los viáticos (parte explícita de la promesa) tampoco parecen haber sentido los efectos de la dieta. Tras el anuncio de austeridad, la ejecución mensual aumentó en más de RD$20 millones respecto al promedio de los primeros cuatro meses del año. En transporte ocurrió algo similar: la velocidad de ejecución de la partida se incrementó en 161%.
Uno de los casos más llamativos es el de la siempre criticada publicidad y propaganda. Entre enero y abril se ejecutaron en promedio RD$442 millones mensuales. Sin embargo, en mayo, ya bajo el régimen de austeridad, el gasto ascendió a RD$1,077 millones en un solo mes. Es decir, cerca de dos veces y media el promedio anterior.
Algo similar ocurrió con la adquisición de vehículos. El gasto promedio mensual entre enero y abril fue de RD$335 millones. En mayo, en medio de la dieta, se devengaron RD$940 millones, casi tres veces más.
Después de observar estos números, entiendo un poco mejor los comunicados emitidos por los gremios empresariales. Ante una propuesta tipo Robin Hood, probablemente no les queda más opción que sonreír con miedo mientras aceptan un incremento de 3% en el ISR.
Y ahí es donde surge la verdadera reflexión.
Porque el debate no es si el aumento es pequeño, temporal o incluso justificable. El debate es si agotamos primero las alternativas que estaban sobre la mesa.
Cuando alguien decide hacer un nuevo hoyito en la correa después de meses intentando bajar de peso, probablemente sea una decisión entendible. Pero cuando el hoyito se hace solo unas semanas después de haber prometido la dieta, mientras el peso sigue subiendo, es inevitable preguntarse si realmente se intentó rebajar.
Quizás la pregunta que deberíamos hacernos no es si este nuevo hoyito es necesario, grande o suficiente. La pregunta es si todavía creemos que algún día el gobierno va a hacer la dieta.

Juan Manuel Sontag – Economista