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Lo que gritan las empresas

Basta tener redes sociales para enterarse de la cantidad de cierres de comercios, bares, restaurantes y otros lugares de actividad comercial. Si te pones a pensarlo, seguro tú mismo o alguien cercano era cliente alguna tienda, bar o restaurante que abrió sus puertas por última vez entre 2025 y 2026. Lo primero que debemos decir es que eso no es un indicador de crisis, todos los años abren y cierran empresas, por lo que tal vez sería irresponsable llamarlo así. Sin embargo, tampoco puede considerarse una locura sentirse atraído a revisar las estadísticas para comprobar eso de que, cuando el río suena, es porque piedras trae.

Empezamos por lo más básico. Veamos el crecimiento de la categoría “Comercio” en los datos de crecimiento del Banco Central de la República Dominicana. Se observa que en 2026, con datos a junio, la actividad no se está contrayendo; al contrario, creció un 2.2 %. Sin embargo, llama la atención que ese crecimiento es el más bajo de los últimos 10 años, algo que aunque no dice mucho por si solo, mantiene viva la alerta.

Luego vayamos a la banca. Si las empresas están mal, un síntoma debería ser su capacidad de pago. La morosidad de los préstamos comerciales alcanzó su punto máximo en septiembre de 2025 (de los peores entre los últimos 20 años), pero sigue elevada. En mayo de 2026, último dato publicado, la morosidad rondaba el 1.12%, un valor que, si excluimos 2025, no se veía desde la crisis del COVID-19.

Algo más interesante aún es que la proporción de cartera de crédito castigada, que por definición es la parte de las deudas de los clientes que un banco o entidad financiera da de baja de sus activos porque llevan un período muy prolongado de impago, ha promediado en 2026 un 2.3 %. Para tener una idea, es un valor que no alcanzó ni durante el tiempo de pandemia.

Otro síntoma que podemos observar en los datos es la morosidad en la TSS, que publica mensualmente información sobre sus recaudaciones. En junio de 2026 se registró el porcentaje más alto de pagos atrasados en más de 10 años, lo que quiere decir que muchas empresas tienen meses sin ponerse al día.

Y, de hecho, el Banco Central de la República Dominicana realiza una encuesta donde levanta información directamente de las empresas sobre cómo se sienten respecto a su producción y sus perspectivas para los próximos meses. Con esa encuesta se construye el Índice de Clima Empresarial, que en el último período publicado de 2026 refleja su valor más bajo desde la crisis de 2020.

Lo que está pasando pareciera algo similar a una asfixia, según esta selección de algunos indicadores oficiales. Y si no fueran fuentes oficiales, pensaría que tal vez el Poder Ejecutivo no está en conocimiento. Pero aún así el comportamiento reciente desde distintos frentes hacia el empresariado, de todos los niveles, ha sido agresivo.

Pasamos hace poco una reforma fiscal que, aunque corta y de discusión fugaz, tiene un impacto importante en los costos de los sectores productivos. Semanas después nos encontramos con una Ley de Residuos Sólidos que también presionaba impositivamente a cualquier empresa, sin distinción. Y cuando pensamos que el veneno se acaba, se inicia a discutir otra reforma, aún más grande, para la seguridad social, con un impacto importante en los costos laborales.

Me preguntaría si los gritos de agonía del empresariado que los usuarios de las redes sociales escuchamos no llegan al Palacio Nacional, pero el hecho de que todas las cifras mencionadas sean de fuente oficial me hace dudarlo. Lo que pareciera más bien es que no hay un ente articulador que se dé cuenta de que se le sigue exigiendo un maratón a un corredor empresarial al que ya le cuesta respirar.


Juan Manuel Sontag

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